Argentina. Viento austral. Por Pilar Blasco

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Cierro los ojos… viento austral en la cara, frío, limpio, noble. Lleva mis pensamientos lejos, muy lejos y me trae recuerdos de las personas amadas. Una a una van desfilando ante mí, están en mí y forman parte de un Todo con esa naturaleza inconmensurable en los cofines del mundo… Tierra del Fuego, al sur, muy al sur, más allá del estrecho de Magallanes, donde los Andes se fragmentan en un rosario de montañas bellísimas que besan el mar, cerca ya de la Antártida.

Mi corazón se pone al ritmo de los sonidos y llego hasta los lugares sin fin en donde el frío y el viento tienen un espacio sin tiempo… me sumerjo en el océano de la vida donde se hace visible lo invisible y aparece como una caricia del viento y desaparece con un murmullo.

Deseo avanzar por ese camino cuyo destino es el instante, ese que se encuentra entre dos pensamientos… escuchar esa música que sin sonido llena mis pensamientos y flotar en un espacio que no tiene ninguna medida.

Como un río que fluye, dejo escapar la pesadez y la deformidad de las pasiones opacas, me ejercito en tener el corazón vacío como una habitación vacía, a fin de dejarme atravesar sin pasión y sin ideas por el viento de la primavera austral.

El placer consiste en integrarse en las cosas; en el agua, en los cristales de hielo, en las rocas, en la tierra, y en llegar a ser uno mismo estas cosas, dejar de ser, dejar pasar… de esa manera oigo caminar la vida en todo… y siento la eternidad en un instante.

Comprendo ahora, que depositando mi mirada sobre el mundo, recorriéndolo con mis pasos, respirándolo, tocándolo, siéndolo… su sonido resuena para siempre en mi.

Mi viaje tiene como objetivo desatarme de los deseos, de la tristeza y de la alegría, acercarme al corazón de las cosas abrazando a cada instante la inmensidad del Todo.

(Ushuaia. Tierra del Fuego. Argentina)

En un acantilado donde el aire frío azota mi cara, construyo una “apacheta” con siete piedras sencillas y desiguales… símbolo de estabilidad, bondad, belleza, libertad, amor, serenidad y equilibrio…

El viento, conocedor de todos los sueños, elevará por encima de cualquier muro la posibilidad de convertir los obstáculos en posibilidades y los contratiempos en trampolines para así conseguir la energía interior que se necesita para poder crear nuestro propio destino.

Saludo a todos los caminantes que aparezcan por estos parajes increíblemente bellos. La grandeza de la Naturaleza es aquí inconmensurable y me habla… sólo hay que sentir ese espacio sin tiempo para poder escuchar…

Siento aquí y ahora la pequeñez y lo efímero de mi vida y mis deseos…

IGUAZU

Me acerco a “aguas grandes”… es como si penetrara una bruma ondulante y luminosa en mi espíritu… la imagen se imprime en mi corazón en una diáfana profundidad, en una armónica visión…

Parece que el manantial fluya eternamente desde todas las bocas de la tierra… agua, agua… vapor que se eleva y encierra todos los silencios mientras que el rugido del salto evoca la fuerza, la lucha y la determinación del agua en continuar su camino y derramar luz y esperanza a su paso…

Millones de gotas brillan ante mi y desaparecen…  esa visión me permite amar con apremio lo que desaparecerá en un instante.

Agua, agua que cae incesantemente es… como una canción para mí que escucho sin aliento y consigue armonizar mi interior con el pulso vivo de la naturaleza… en lo más profundo de mi alma late un anhelo hacia el amor y la belleza.

Aguas grandes, se extienden como un golpe de mar en el espacio y dibujan una historia de soledades derramadas…

Buceo en lo más profundo de mi memoria para encontrar los sentimientos que darán expresividad a esas sensaciones intuitivas, que atizan el deseo y se infiltran en el Todo como una queja, como un suspiro.

Agua, agua, rodeada de agua siento que mi temor retrocede hasta perderse en un mar de sosiego…

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