
Muchas son las Ballenas que están en los golfos de Península Valdés, Argentina. Desde la costa del Pedral alcanza con sentarse en la playa y disfrutar del espectáculo. Hasta mediados de diciembre se podrán ver en los golfos. Un espectáculo imperdible. Semejantes colosos del mar se arriman a las embarcaciones, son sociables, curiosas. Espectáculo muy recomendable.
Los elefantes marinos ya comenzaron a marcar territorio y poblar las playas. Uno de los mejores lugares para ver una gran colonia es en Punta Ninfas. Desde el Pedral se puede acceder fácilmente a la playa y luego hacer una buena caminata al pie del acantilado, bordeando la colonia de elefantes que se extiende hasta el faro.
Ahora llegó el turno de los pingüinos. Están comenzando a llegar. Los machos primero. Desde abril que están haciendo vida marina; de septiembre a marzo es su estadío de vida terrestre. Cada año vuelven a su mismo nido. Más tarde llegarán las hembras y comenzarán a incubar uno o dos huevos. De noviembre a marzo, es la época de mayor movimiento en las pingüineras. Para tener la posibilidad de ver los pingüinos de cerca y con pocos turistas, los lugares más recomendables son la playa del Pedral donde hay una colonia en formación, Cabo dos Bahías que esta cerca de Camarones, Bahía Bustamante, y Puerto Deseado, donde hay una isla que además tiene una colonia de pingüinos de penacho amarillo.
Para ver fauna y disfrutar de la naturaleza no hay nada mejor que hacer base en lugares más alejados de los centros poblados. La re–apertura de El Pedral es por ello una gran noticia. El Pedral se complementa muy bien con unas noches en la Posada Los Mimbres, que reactualizó su tarifario y ahora la relación precio/calidad es buena.
En el corazón del Valle del Río Chubut, epicentro de la inmigración galesa en la Argentina, Posada Los Mimbres combina con calidez los servicios de alojamiento rural y la riqueza de una historia fascinante. Una ubicación estratégica. Cuando los kilómetros de estepa se tornan infinitos, aparece el Valle del Río Chubut con su agradable aire húmedo, sus perfumes. Tierras de fuertes contrastes que se acentúan con los colores del otoño. Una transición dramática del desierto al oasis que representa Gaiman en la región a lo cual se suma la historia de los pioneros galeses que aquí encontraron su lugar.
Don David Beynon Williams y Gwen Jones, en 1879 obtienen 100 hectáreas de la colonia galesa del Chubut, la bautizan “Pant y Celyn” – Bajo del Quilembay. En 1988, 53 hectáreas son adquiridas por la familia Plust, quienes adoptan la Patagonia para vivir y abren sus puertas al turismo rural. El paisaje natural del río y del valle con su profusión de colores, enmarcado por las bardas, dan origen al actual nombre, donde los otoños desde siempre tiñen de dorado Los Mimbres.

La Posada se encuentra rodeada de un agradable parque a orillas del Río Chubut. Posee una gran cantidad de árboles frutales, un nogal que por su tamaño predomina sobre el resto, produce excelentes nueces que los huéspedes degustan mientras descansan a la sombra de los árboles mirando correr el río Chubut.
Un sendero que bordea la vera del río permite hacer buenos avistajes de aves y también contemplar los campos de alfalfa que colorean el valle de un verde intenso. En septiembre se abren los canales de riego, la naturaleza se despierta luego del invierno y comienzan a activarse los trabajos rurales. A lo largo de la primavera y el verano se realizan tres cortes de alfalfa y los fardos resultantes son comercializados al sur de Patagonia.
A la mesa, llegan todos platos caseros preparados con ingredientes orgánicos producidos en la chacra o adquiridas en la zona, contribuyendo de esta forma con la economía local. Se ofrecen platos tradicionales de la cocina patagónica, elaborados artesanalmente como antaño. Combinan lo simple de los productos regionales con el delicioso arte culinario celta y criollo. La huerta, se encuentra en las mediaciones del parque y además de una variada cantidad de hortalizas tiene su rincón de aromáticas: lavanda, cedrón, tomillo, romero, menta, salvia son algunos de los aromas que nos acerca la brisa.
Manzanas, peras, duraznos, damascos, ciruelas, sauco y frambuesa son las frutas que se pueden degustar al pie del árbol recién cosechadas o consumirlas en mermeladas, compotas o jugos durante la estadía. Están a la venta dulces caseros, lavanda y otros productos regionales en el pequeño shop de la posada.