Ballenas sanas en Antártica, elefantes vivos en África y que sufran la resaca en Vietnam.

Uno de los grandes atractivos de los viajes a la Antártida es, por supuesto, observar a las ballenas.
A medida que pasan los años los recursos para ver las ballenas mejoran, recuerdo allá por el 2000 que grabábamos sus sonidos con un micrófono submarino muy rudimentario y hasta una vez que compré una de esas cámaras descartables sumergibles para tomar una foto de una ballena entera y no sólo de su aleta o cola fuera del agua a coste de congelarme las manos bajo el agua helada durante media hora.
Luego llegaron los robots submarinos y critter cams del National Geographic Explorer, los viajes con opción de buceo y las ofertas especificas de algunas empresas para seguir a estos espectaculares animales mientras veranean en los maravillosos paisajes antárticos.

Lo que me ocupa en este post, además de recomendarles disfrutar responsablemente de los cetáceos sea en zonas polares o en el calor de Baja California, es mencionar la importancia de respaldar las campañas que nos permiten preservar esta fauna.

En este momento Sea Shepherd está luchando contra una flota de pesca japonesa liderada por la nave  Nisshin Maru  en aguas polares con el fin de frustrar la temporada de caza de ballenas que respalda el gobierno nipón. A través de la vergonzosa política de la International Cetacean Research, Japón permite capturar ballenas con la excusa de la investigación científica pero cuyos cuerpos terminan en los mercados y restaurantes del archipiélago gracias a una brecha legal.  La campaña de los piratas ecológistas esta siendo realmente positiva, al día de hoy sólo se pudieron matar unas 75 de las 945 ballenas Minke previstas según Paul Watson, el capitán de la operación.

Mientras que Watson persigue a los japoneses en aguas declaradas como Santuario de Ballenas desde 1986, en Bangkok se reúne el CITES con la intención de detener el tráfico ilegal de colmillos de elefantes y cuernos de rinocerontes que está rompiendo todos los records históricos gracias a las nuevas potencias emergentes y sus costumbres obsoletas.  Durante la apertura de esta conferencia la primer ministra tailandesa,  Yingluck Shinawatra, dijo públicamente y por primera vez que lucharía por detener este comercio ilegal. Aunque bajo presión por inminentes sanciones comerciales, es una magnifica noticia si se cumple y rápidamente.

4 datos:

Ballenas Minke: Japón autoriza campañas anuales de un millar de capturas y se supone que en total hay unas +/- 500.000 en todo el mundo.

Elefantes: Dado que Tailandia permite vender el marfil autóctono de sus elefantes, este país se convierte en el epicentro de las ventas de marfil ilegal traído de África ya que nadie controla efectivamente las cantidades vendidas dentro de su territorio. Población: unos 700.000 individuos.

Rinocerontes: Con un precio que ya alcanza los $65.000 el kilo, el cuerno de Rino se paga más caro que el oro y la cocaína, elevando el número de capturas ilegales y hasta robos de cuernos de museos.  En Vietnam se cree que este producto cura el cáncer y, principalmente, cura la resaca.  Si eres rico en Vietnam no puedes terminar una fiesta sin un té de rinoceronte, es una cuestión de status! Población: unos 25.000 individuos con subespecies ya extintas.

Preguntémonos si realmente el gobierno japonés tiene que cazar 1000 ballenas de un santuario, si merecen ser asesinados 30,000 elefantes cada año para hacer adornos para chinos ricos y turistas ignorantes; y si amerita perder 800 rinocerontes anuales para hacer de sus cuernos infusiones para combatir la resaca en Vietnam.  Son buenos –y terribles- ejemplos de muchas causas a las que podemos dedicar un par de euros o, al menos, una firma bien puesta.

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